Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer


Homenaje a Minerva Mirabal


Por Norma Segades - Manias

El 25 de noviembre de 1960, Minerva Mirabal, defensora del ideal de un gobierno democrático, muere destrozada a golpes antes de ser arrojada a un precipicio dentro del vehículo en el que viajaba junto a dos de sus hermanas. Tenía 34 años.
República Dominicana (La Cumbre)


Morir así,
de sangre estrangulada,
impulsada
a empellones
por sicarios que me conducen fuera del camino
para que no presencie el sacrificio de mis desventuradas compañeras
ni contemple sus crueles agonías.
Morir así,
de hueso machacado,
observando tus manos de verdugo consumar los rituales de la sombra,
ultimar mi esperanza en la espesura,
cumplir cada precepto de los odios con mazazos de furia desmedida.
Morir así,
de corazón marchito,
de desafiar las voces del tirano,
de promover lecturas que entretejan la pura resistencia de los sueños,
desvergonzadamente transeúnte de mis desvergonzadas rebeldías.
Morir así,
de libertad llameante,
cayendo a las entrañas del abismo en un vuelo de espanto amortajado,
culpable de atreverme a la defensa de tantos ideales prisioneros entre murallas de penitenciarías.
Morir así,
sintiendo que es inútil empecinar el llanto
o la plegaria
ante este ardor de brazos indefensos,
párpados tumefactos,
estertores,
gargantas taladradas por el vómito,
úlceras detonando en las mejillas.
Morir así,
sabiendo que es inútil,
en esta latitud del exterminio,
hallar otro refugio que el silencio
porque esta dignidad será estandarte
flameando en el lugar donde la infamia alza tu acantilada alevosía.
Minerva Mirabal,
ese es mi nombre.
Soy el rostro que rondará tus noches cuando las lunas del remordimiento desborden la orfandad de tus trincheras con la memoria de mis cicatrices.
Soy quien habitará tus pesadillas.

Mujer de arena.

Por Amelia Arellano (Argentina)

Loca. Le llaman loca.
Porque va, viene, arremete, exige.
Se desangra en la lucha.
En conjuros de luna
Se aferra al amor desesperadamente.
Ama. Teme. Se desgarra en el goce.
Un día llora, otro día canta.
Es tormenta que opaca los cristales.
Es lecho improvisado.
Es la mujer de arena. Se desgrana.
Levanta los peñascos, los ata con alambres de púas.
Loca, le llaman loca
No ha seguido el rebaño de las hembras sumisas
Mujer, mortal, amante despojada.
Barcos pesqueros. Aparejos. Trampa .red, sedal.
Jadean en la noche de sílice.
Golpean con furia sus acantilados.
Penetran en astillas de vidrio.
La toman en la mano. La acarician.
La llevan hasta el borde.
Abren su puño y cae.
La pisotean .Sin compasión la pisotean.
La dispersan vendavales. Machos furiosos.

La exilian, la apartan, la fragmentan
Solo el mar infinito la toma entre sus brazos.
Loca suicida, le llaman, loca.

Poema seleccionado para “LA MUJER ROTA” presentado en la Feria Internacional del libro en Guadalajara. México

Territorio

Por Anamaría Intili (Perú)

Pronto
Seré tu último valle
Que atravieses
Llevando un canasto
De frutas frescas
Palpando mis senos
Junto a la noche
Pastando el mundo
Que sepultamos
El que dejamos atrás
Cuidando nuestras manos
Siempre tibias
Que acarician uñas y pelos
Beber el goce
Durazno ardiente
Veneno fogoso
Junto
Al territorio bañado
En las aguas sagradas
Último valle
Que nos cobija

María Expósito

Por Silvia Delgado Fuentes

María Expósito nunca fue propietaria de cucharas repletas,
fue dueña de todos los horrores con los que la pobreza obsequia,
fue madre pero madre harapienta.

Condenada a vivir sin armisticios
no miró dormir a sus hijos
y se alejó goteando su jornal y su decencia.

Deshilachadas alpargatas arrastran tristezas,
sucio el delantal de impotencia
y el llanto azul de los niños
que la persiguen presagiando soledades y miseria.

María Expósito aprendió a hacer con su dolor remiendos,
aprendió a no dormir por temor a los deseos
aprendió a sollozar en secreto
aprendió que si el amor puede arrancarse de cuajo
también el recuerdo
y experta en ausencias
ofreció sus senos espléndidos
a quien quisiera dar, a cambio de leche,
un jergón, una hogaza de pan seco
y silencio.

María Expósito amamantó a niños risueños.
Quiso quererlos
pero le lastimaba el territorio que pertenecía a otros dueños.
Mientras alimentaba hijos ajenos
ella viajaba lejos,
allá donde otros niños apuestan por su regreso.
Después, con el bebé satisfecho,
guardaba los pechos,
las canciones,
los sueños.

María expósito murió una tarde de invierno.
Murió con los pechos resecos,
con su dolor completo.
Murió sin decir nada,
ni un solo niño rico agradeció el alimento a esta mujer callada,
ni un solo niño rico la reconoció mendigando, anciana.

María expósito murió aquella tarde helada,
vestida sin pulcritud,
con su muerte solitaria.
María expósito, una mujer entre tantas.

Poema del libro "Las cuarenta chimeneas del infierno"

Violencia doméstica

Por Maria Júlia Mólico (Portugal)

Em Portugal a violência doméstica ceifou a vida a 26 mulheres este ano.
Em seis anos, o Observatório da Umar contabilizou, pelo menos, 201 vidas perdidas.
Não é sobre este horror que vou escrever pois já muita gente o tem feito.
Violência contra as mulheres (e muito possivelmente contra alguns homens) não é só a física - esta é a mais visível -, é também a verbal e a outra, de que nunca se fala, o silêncio absoluto, desrespeitoso, para com a outra pessoa. Esta é, também, uma forma de violência pois afecta, mentalmente e psicologicamente, o outro que se sente como um objecto invisível e sem valor.


En Portugal la violencia doméstica se cobró la vida de 26 mujeres este año.
En seis años, el Centro de Omar contabilizó, como mínimo, 201 vidas perdidas.
No es sobre este horror que voy a escribir pues ya muchas personas lo han hecho.
La violencia contra las mujeres (y muy posiblemente contra algunos hombres) no es sólo física – esta es la más visible -, es también la verbal y la otra, que nunca se menciona, el silencio absoluto, irrespetuoso, por la otra persona. Esta es, también, una forma de violencia pues afecta, mental y psicológicamente, al otro que se siente como un objeto invisible y sin valor.

Las madres del coraje

Somos nosotras, las madres del coraje
Desdichadas
Ese es nuestro su oficio, la desdicha.
Piel oscura, oscura vida, pena negra.
Amontonar piedras, penas, hijos.

Ultrajadas
Este en nuestro oficio, el ultraje
Cuando el pasto llegaba a las rodillas
Hemos sido palomas deshonradas.

Nosotras. Las de memoria de humo.
Este es nuestro oficio, la desmemoria.
Ahorrar el olvido.
Ignorar el nombre del padre,
Y del padre del hijo.

Somos las herejes.
Este es nuestro oficio, la herejía.
Injuriar día a día a un dios ignoto e ignorado.
Nosotras, las madres despojadas.
Este es nuestro oficio parir carne de guerra.
No hay cruz en la ceniza, ni en la nieve, ni en el agua

Sólo quedan las piedras, los espejos y la cruz del Sur.
También queda el coraje.
Abrazarse. Lamerse las heridas.

Los quebrachales lloran.
Nosotras, las madres del coraje cantamos tiritando de espera.
Al Final de la cola

Por Augusto Bueno (República Dominicana)
www.palabrasmalbiendichas.blogspot.com

Aquellos insectos crecían.

Las patas delanteras amaban mis manos
y sus costados se abrían a boca de viandas de testículos,
transparentes plumas que emanaban pedazo a pedazo,
que no admitían cargaderas de monopolios ni electrificaciones.

Uno por uno ahora se drena en aberturas,
sus mandíbulas aprietan las huellas tras el rumor
de dos alas que rechinan:
retroceso de inmuebles y despojos colocados artísticamente;
pero este aspecto único de aquellos pobres
elevará la susceptible masa de la geometría,
la composición de logaritmo del espejo.

Causa sin la probabilidad de restablecer las grutas.

Aquellos insectos ensimismados crecían
al otro lado del espejo,
en esa ruptura apocalíptica
y quién podrá cobrar enjambres líquidos ante mis dedos,
ante esta apropiación que devoraban los insectos.
Nosotras, las mujeres de sal

Por Amelia Arellano (San Luis/Argentina)

Nosotras, las mujeres de sal,
Somos las fundadoras de tormentas abruptas
Tenemos incendiada la boca y salitre en las venas.
Seguimos denunciando, sobre la sangre seca
La vigencia total de Sodoma y Gomorra.
Una a una han caído nuestras vestiduras.
Transgresoras, en desnudez de sal,
Seguimos nuestro norte
Mirando nuestro Sur.
Con cuchillos de viento
Han tatuado nuestra piel milenaria.
Se ha hecho carne y sangre la siembra,
Y en cada primavera llueven rosas de sal
Que cubren en tibieeza, el oprobio, el olvido.
No somos la mujer de Lot, las mujeres de nadie.
Sin embargo, paso a paso.
Danza de picaflor, giramos hacia atrás.
Vamos certero el rumbo, sinuosas las caderas
A parir la palabra, siempre nueva
Eternamente fiel a la memoria
El punto exacto es donde termina el arco iris.
Hemos jurado en resuellos de arena
No olvidar un pasado engendrado
Desde la sal y el agua.
Desde la llanura de la mansedumbre.
Desde el pajonal donde esconde a vergüenza
Un sol hecho de sangre.
Desde los extensos salitrales de las monedas de oro.
Desde el Perú.
Desde Chile, Bolivia y Argentina.
Desde los Andes
Que aun miran azorados las hilachas.
Poncho denigrado del arriero.
Desde la revolución de ríos subterráneos.
Desde el portal del trigo.
Desde el umbral del guanaco y de la llama.
Desde Hiroshima.

Mientras tanto,
El soplo universal del viento blanco sorbe espumas de mar
Pendientes

Por Nazario Soto (México)

Hace falta un sonido
que nos haga voltear
el rostro a media calle,
un dulce ruido irrespirable.
Hace falta un color
que nos condene,
que arranque la capa
espesa de costumbre,
un terrible matiz irresponsable.
Se requiere de un latido,
un ladrillazo rupestre
que nos devuelva nuestra
verdadera condición,
que invoque la amnesia
primigenia del progreso.
Cuánta falta nos hace
un oportuno pellizco
que recupere,
de una vez por todas,
aquella dignidad
y nos haga sentir
nuevamente vivos.
Un simple dolor de muelas
provocador de automovilistas
(abomina de este coche,
retorna extasiado a tu cuerpo),
convocante del abandono
de la estéril pretensión
en los transeúntes.
Se necesita alguna acción
que nos asfixie
indescifrable,
implantando contundente
ese asombro infantil
que ahora nos rehúye.
III Encuentro Internacional de Escritoras "Los puños de la paloma"-14 al 18 de septiembre de 2009
Por tercer año consecutivo se reunirán en la ciudad de Santa Fe, República Argentina, integrantes del Movimiento Internacional de Escritoras "Los puños de la paloma"

Formado en el año 2004, el Movimiento Internacional de Escritoras "Los puños de la paloma" está conformado por un grupo de mujeres unidas por ideales comunes tales como la justicia, la libertad, la hermandad, la dignidad y la paz duradera entre los hombres y mujeres del mundo.
Dispuestas a ejercer la palabra solidaria como denuncia y condena a todo tipo de servidumbre, deshonra o exterminio al que sean sometidos los seres humanos, cada una de sus integrantes cree en el irreemplazable ejercicio de la confraternidad entre quienes han reemplazado el hablar por el decir. Y es ese su compromiso intransferible con la problemática mundial.
En cada nacimiento, en cada muerte, entre olor a lejía o a lavanda, donde crezcan sonrisas o dolores; han de abortar derrotas, han de parir los sueños donde caben los nombres de la lluvia, la letra contundente, el hambre repartida
Por tanto, ser partícipe y protagonista en este proyecto, significa renunciar a la indiferencia, la pasividad y a las complicidades del silencio. Significa sumar voces a las oportunidades en que el pueblo se manifiesta en contra de la guerra, de la injusticia, de la impunidad, del abandono, de la marginación o discriminación. Pero también significa una responsabilidad personal desde lo domésticamente cotidiano. Acudir puntuales a las citas que la vida nos marca a cada instante. Para que nadie pueda enloquecer de miedo, de pobreza, morirse de intemperie, andar su soledad en carne viva, ahorcarse con las venas, ahogarse en la tristeza, aceptar la explotación como medio de supervivencia.
El propósito es desafiar a las mordazas, cantar a contraviento y contemplar al mundo con ojos alertamente esperanzados.
Pese a todo. Porque es mejor morir de heridas que de silencio.

En 2009, el acto inaugural consistirá en un recital poético-narrativo libre y gratuito, a las 20:00, en la Sede Social y Cultural de la Unión del Personal Civil de la Nación Seccional Santa Fe, sita en calle Rivadavia 2513 de la ciudad de Santa Fe y la presentación de la Antología "Desde todo el silencio" Tomo III, que cuenta con la colaboración literaria de dos escritoras nicaragüenses que prestaron su apoyo a la iniciativa: Claribel Alegría y Gioconda Belli. El Salvador en la figura de Susana Reyes; España en la poética de Silvia Delgado Fuentes; Paraguay a través de Amanda Pedrozo Cibils; Polonia en la voz de Agnieszka Rybarczyk; Venezuela en la poética de Morela Maneiro (etnia Kar´ña) y Andrea Victoria Álvarez y Pilar Romano (Corrientes), Lucrecia Coscío (Salta) y Norma Segades - Manias (Santa Fe) representando a Argentina, serán los países intervinientes.
Además, durante el transcurso de la semana y en el marco de un nuevo intercambio autor-lector, las embajadoras del Movimiento serán recibidas por las siguientes escuelas anfitrionas.
Escuela Provincial de Artes Visuales “Profesor Juan Mantovani” (Secundaria)
Escuela Normal Superior “General José de San Martín” (Terciaria)
Escuela Provincial de Artes Visuales “Profesor Juan Mantovani” (Terciaria)
Instituto Superior de Profesorado “Almirante Guillermo Brown” (Terciaria)
Escuela Superior de Comercio “Domingo Silva” (Secundaria)
La noche del Jueves 17, invitadas por ERA (Escritores Rafaelinos Agrupados) y la Municipalidad de la ciudad de Rafaela a través de su Secretaría de Cultura, darán un recital en esa ciudad.
Norma Segades - Manias, fundadora y directora del Movimiento, presenta sus públicas disculpas a los otros escenarios que habían solicitado presentaciones, tanto del interior de la provincia de Santa Fe, como de la vecina provincia de Entre Ríos; dado que esta nueva perspectiva de intercambio produjo una predecible superposición de actividades.
Por tal motivo, el acto de cierre y despedida de las destacadas visitantes se efectuará a la hora 19:30 del día Viernes 18 de septiembre, en la Sede Social y Cultural de la Unión del Personal Civil de la Nación Seccional Santa Fe, sita en calle Rivadavia 2513. El mismo consistirá en un recital poético-narrativo libre y gratuito que contará, además, con la actuación del guitarrista Sebastián Ríos y artistas invitados.
Los puños de la paloma agradece el auspicio de:
Secretaría de Formación Profesional, Sindical y de Acción Cultural de la Unión del Personal Civil de la Nación Seccional Santa Fe;
Secretaría de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de Rafaela y
Gaceta Virtual, revista literaria santafesina on-line.
Extraño barco de papel, un viaje fascinante a todas partes

Cuentos y relatos que seducen por la forma en que dibujan y perfilan unos personajes tan humanos y entrañables que el lector se siente dentro de cada una de las historias que pueblan este libro singular y tierno.

Por Leonardo Nin | escritor dominicano residente en Boston, MA | © mediaIsla

Boston, MA.-Tomé el libro y no pude dejar de leerlo, el acertijo me perdió en sus páginas, como un Ícaro sin alas en un laberinto del que no se puede salir, del que no se quiere salir a menos que se llegue a la puerta diminuta del último párrafo. Di con él a través de uno de los siempre increíbles boletines de mediaIsla, anunciando, entre otros, Extraño barco de papel de Pilar Romano; ya había leído relatos de ella en más de un proSÁBADO, y qué alegría era la Pilar que tanto deseaba leer.

Pilar Romano básica

Pilar Romano nació en Corrientes, al nordeste de la República Argentina, lugar en el que vive. Empezó a escribir en la década de los 80, dedicándose a la narrativa. Tiene publicados tres libros de cuentos: Azahares y fantasmas, La plaza de los naranjos y otros sitios, Tiempo de lavar y la novela Inocencia plenaria. Sus trabajos aparecen en diversas antologías argentinas e internacionales.
El libro, sin lugar a dudas, es un viaje fascinante a todas partes, al adentro de esqueletos y memorias escondidas en el clóset del alma.
Pilar Romano, más que prosista, es una cronista de mundos paralelos a lo real, a mundos tan verosímiles, sencillos y encantadores que pueden tocarse con las yemas mojadas de los ojos sonrientes buscando más y más entre los simbolitos negros...
Caminitos, memorias distantes plasmadas magistralmente, historias cortas, juguetonas e intensas, en las cuales sus atrevidos personajes nos invitan a navegar con perspicacia con las alas abiertas hacia archipiélagos y continentes de palabras y versos.
Después de haber navegado en el Extraño barco de papel, nos cabe preguntar:

—¿Quién es Pilar Romano?

—Pilar Romano es, en verdad, María del Pilar Muñoz. Al primer editor le pareció que el nombre era largo y no sonaba del todo bien. Elegimos entonces uno de los nombres de pila y mi apellido de casada, y así quedó Pilar Romano, que me gustó, porque tiene algo de fundacional. Soy una mujer, es decir no solamente un sexo, sino una
situación, según he leído. Y soy, a veces, una situación un poco complicada. Escribo quizá por atrevimiento, creo en el poder de la palabra y tengo gran respeto por el idioma, inculcado por mi padre, por lo que siento cierto remordimiento por no utilizar su apellido. Con mi familia, mi, mis libros, mis esperanzas, mi sentido
del humor y a veces algunos caprichos, vivo en el nordeste argentino, es decir, al sur.

—¿Este libro es por su naturaleza tan humana un libro autobiográfico?

—Es muy difícil contar un fragmento de vida sin haber vivido o sido testigo de algo semejante. Los cuentos de "Extraño barco de papel" son, tal vez, un disimulado enlace por la palabra, de la vida contada y la vida con la que conté, es decir, la que he vivido, o de historias ciertas que uno conoció. Pero trato de eludir la complacencia con que suele abordarse la biografía.

—Feminismo, voces de mujeres silentes, virginidad, locuras e inocencia. ¿Qué provoca a Pilar Romano escribir estos temas llenos de cotidianeidad?

—Me gusta husmear en los ámbitos ocultos de las mujeres; para llegar a ellos transito por la ficción y la cotidianeidad y luego trato de exhibir lo mirado y la mirada. Una mirada que es, o al menos lo intento, reivindicatoria del género. Pero quiero aclarar que no todas mis historias son protagonizadas por mujeres.

—¿Son la niña frente al charco de agua, la Yolanda y las demás mujeres de tus relatos, Pilares incógnitas en meses de julio?

—No soy ciento por ciento imaginativa ni con tanta fantasía como para crear de la nada a las mujeres que aparecen en las historias. Siempre se cuela algo de mí. Creo que cuando escribimos, hacemos partícipe al lector de algunos de nuestros propios rasgos, y aunque no sea éste nuestro propósito, en algún momento se produce un
tironeo entre el autor y el personaje.

—El cinismo, la apatía, la venganza callada de las mujeres de los cuentos, los escapes a sus santuarios cotidianos ¿qué mensaje quiere mostrarnos Pilar Romano con esas historias? ¿Feminismo? Pero el feminismo que yo conozco es diferente.

—No pretendo solamente escribir historias de mujeres incomprendidas o perseguidas por alguna vivencia que las marca, sino también reflejar las relaciones entre hombres y mujeres, mostrando lo que no siempre se ve detrás de algunas conductas femeninas.

—Los ambientes en tus historias son muy originales, cuidadosos y a la misma vez, provocadores. ¿Por qué la naturaleza de la prostitución? ¿Algún propósito especial?

—Tal vez por el deseo de extirpar de la memoria de la protagonista la sordidez de algún acto vivido en tiempos de humillación, para que pueda justificar ante sí misma su circunstancia y tenga la posibilidad de vivir un tiempo de absolución, si es que se siente culpable. La redención, en un caso por el arte, aparece en estos cuentos.
Y también por el desafío que significa introducirse, a través de la palabra escrita, en un ámbito prohibido hasta de nombrar para las jóvenes de mi época. Has tenido a delicadeza de no preguntar, pero me animaré con un eufemismo: he vivido seis décadas.

—Sabemos que has desarrollado una intensa trayectoria literaria con títulos como "Azahares y fantasmas", "La plaza de los naranjos y otros sitios", "Tiempo de lavar" e "Inocencia Plenaria". ¿Dónde crees tú que encaja este nuevo proyecto en comparación con tus otras obras? ¿Por qué leerlo y porqué el lapso?

—No considero que mi trayectoria literaria haya sido muy intensa, es la que he podido desarrollar, siendo que no voy a una cabaña a escribir, ni alquilo un departamento para ello, ni siquiera tengo una habitación en la que exclusivamente escribo. Y empecé recién en la década de los 80s. Antes trabajaba, si bien con la palabra, pero redactando, que es distinto a escribir literariamente. Y me costó despojarme del estilo administrativo; un escritor compatriota tuyo me ayudó mucho en eso, a veces con cierta "crueldad", que ahora agradezco.
"Extraño barco de papel" no marca un cambio notable de rumbo en ésta mi trayectoria, como la llamas, pero creo que es una salsa que ha hervido más que las otras y ha condensado los sabores. Y me gustaría que lo lean para eso, para adentrarse en historias cambiantes, contadas sin profusión de adornos pero con respeto por el
bien decir, tratando de resaltar la esencia y para encontrarse, en estas historias, con personajes a los que he tratado de darles humana encarnadura.
¿El lapso? Creo que la pregunta se refiere al transcurrido desde la publicación anterior, que fue en 2007. No es tanto tiempo. Y se debe, en parte, a lo que dije antes, en cuanto a que no vivo de la literatura, a que todavía tengo tareas que cumplir y a que, aún estando ante la realidad como un vampiro con colmillos en las orejas o buceando en la fantasía o la memoria, no todos los días uno siente que se ha encontrado con material para una historia. Y cuando sucede, después hay que escribirla. Y corregirla, Y reescribirla.

—La narrativa argentina está llena de grandes exponentes ¿Cuál es tu predilecto? ¿Te consideras influenciada por algún autor específico? Aparte de tu libro ¿Nos recomendarías a alguien en específico?

—Pienso que uno tiene un autor predilecto en distintas etapas de la vida y eso me ocurre. Pero el que siempre regresa es Cortázar y a quien admiro cada día más es al Borges de los geniales cuentos. También disfruto leyendo a Abel Posse, a Manuel Mujica Lainez, a Luisa Mercedes Levinson; la lista es larga y riquísima. Y hay un
narrador comprovinciano, correntino, que ha obtenido en estos días un premio importante en España, José Gabriel Ceballos, a quien leo con placer; recomiendo que lo busquen y lean.
Y quiero nombrar también a autores rioplatenses: Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández, Eduardo Galeano, el inagotable Mario Benedetti.
No me siento capaz de determinar si algún autor de los buenos ha influenciado en mi escritura, aunque tal vez, inconscientemente, haya tratado de parecerme a más de uno.

—¿Cuál mensaje final le dejaría Pilar Romano a nuestros lectores? ¿Dónde se puede adquirir "Extraño barco de papel"?

—El mensaje, o más bien la reflexión, es que debemos aprovechar el singular momento de intimidad lector-autor, en el que podemos decidir, como lectores, el color de los ojos de algún personaje, o cómo es el beso que se dan los protagonistas, o a qué huele el cuarto en el que se desarrolla una instancia de la historia, es decir, somos parte y no solamente espectadores de la obra creativa y por tal razón ésta nos enriquece de manera especial y se incorpora a nuestra subjetividad, yo diría para siempre.
Extraño barco de papel puede obtenerse tanto a través de www.mediaisla.net como de www.amazon.com . Hay otras obras allí, como Pas de deux de Ramón Tejada Holguín y René Rodríguez Soriano y La llama insomne de Sally Rodríguez, libros que hacen parte del ambicioso proyecto que mediaIsla se apresta a poner en marcha para beneplácito del cada día creciente número de habitantes y ciudadanos de ese puente de respeto y buena convivencia.
Poemas del libro Füsche von Llafenko, de Gloria Dünkler

I

Aquí nadie se conoce
ni sabe uno si la familia del vecino no vale un centavo.
Aquí podemos inventarnos una sangre,
un escudo, una leyenda, una muerte gloriosa,
podemos ser, si se nos place,
una estirpe ungida por el rayo.

II

Mientras la luna rueda por los montes
la abuela canta despacio para que hermanita duerma.
¿Quién es la más linda? –susurra-
porque fuerte es el príncipe que velará a los pies de tu lecho
y con su espada de plata le cortará la cabeza, a un ángel si se burla,
o a la bestia que clave sus garras en mi princesa.

Yo sueño.

Mi cachorrito caminar no puede, sostener su nacimiento.
Se revuelca en la placenta de su madre, y ella gime, pues intuye,
que no levantará cabeza su semilla deforme.

UNSER FÜHRER

El bigote parece moverse entre aquellos labios que insultan, que escupen, que encienden, el bigote sobre los dientes, el dedo índice acusando a Dios, el bigote muerde palabras, muerde y escupe.
Aún respiran, aún se arrastran, aun ese cadáver ama, aun en las calles la gente tu nombre grita y en ti sostienen sus almas. Muchachas ingenuas abrazando a sus hijos, obesas nodrizas, grasosas, de mejillas coloradas. Puedo sentir el sudor de esas madres empujando, pisoteándome para lograr tocarte. Después de tu discurso les oigo gemir, alzar sus banderas, amarte, acabar allí penetradas por tu brazo en alto, mientras yo agonizo en una sucia trinchera.

III

Hijo: en este nicho descansan los restos tu abuela. Aquí la ví cruzar el río, y al otro lado, mi linaje fue a su encuentro. Aquí descansa -y que no se te olvide- una mujer que luchó y fue amada.

Rastrillos, muebles, vajilla rota, dentaduras podridas, anónimas calaveras. En el museo conservarán los despojos de aquello que fuimos para el mundo. Nadie posee las llaves de esa puerta en el fondo de la sala: ni la historia ni el ideal de algunos diarios y poemas. Allí respira lo que pensamos en realidad, lo que nadie puede exhibir previa compra de un boleto.

IV

Nuestros padres se fueron encogiendo,
apagándose como pichones heridos.
Nosotros seguíamos aguantando aquí, allá,
husmeando con nuestros hocicos,
marcando provincia,
adiestrando a los cachorros en la pelea del inmigrante.

V

Llafenko era un puma que seguía respirando
oculto en la sierra, lamiéndose la herida,
y rompiendo su silencio un día bajó a tomar agua.
Yo también seguía aquí, resistiendo,
negándome al turismo y a sus carreteras,
a la locura, al asilo, a la dictadura del abandono
al olvido de las almas perdidas de cualquier infierno.
Como un tractor oxidándome bajo la lluvia,
como tejas pudriéndose,
como ratones meando en los graneros,
seguíamos aquí esperando el juicio final.
Sur sin fronteras
La poesía de Gloria Dünkler


Por Esther Andradi (Berlín/Alemania)


Mapudungun y alemán, la lengua de la cultura india y la de los colonos europeos se cruzan con el idioma español, en un relato épico que elabora las preguntas del mestizaje en el sur de Chile: Füchse von Llafenko, el poemario de Gloria Dünkler (Pucón, Chile, 1977) acaba de ser galardonado con el Premio Edición del Movimiento Internacional de Escritoras Los puños de la paloma.
Gloria Dünkler estudió Pedagogía en Lenguaje y Comunicación y cursa actualmente la carrera de Bibliotecología en Santiago, Chile. Ha sido editada en las antologías nacionales "Mujeres en la poesía chilena actual" y en "Mujeres frente al mar" Editorial Semejanza, Santiago, 2000, así como en revistas tanto en Santiago como en Temuco, en Chile, y traducida al catalán... Ha sido becaria del Taller de cuento dictado por la escritora chilena Pía Barros, y ha sido galardonada en varias ocasiones, tanto en poesía como en relato.
Füchse von Llafenko está escrito en castellano y sin embargo atravesado por la tensión de culturas que se cruzan en el sur de Dünkler La violencia, la fascinación, la pérdida y la lucha por la sobrevivencia están contenidos en esa poesía, original, profunda, a contrapelo de cualquier compostura, como diría su autora. Una coreografía de equívocos y desencuentros para contar el mestizaje.

Esta entrevista es el resultado de una conversación mantenida por correo electrónico:

Durante la primera lectura de tu poemario tuve dudas acerca de la edad y el género de quién lo habría escrito. Todo era equívoco, lo único que me parecía seguro era su origen, el sur de Chile con su cruce de identidades....¿Es algo que has buscado o se da naturalmente en tu expresión?.

R: La atmósfera de lo “equívoco y el desencuentro” son intencionales. Como poeta mestiza me interrogo, sigo buscando respuestas. Siempre quise atrapar ese ambiente en donde las identidades se enredan hasta llegar a configurar una mezcla, en este caso, lo indígena y lo europeo.

El zorro es un símbolo de las culturas precolombinas, el vínculo con “el mundo de arriba y el de abajo”, ¿por qué los zorros marcan tu poemario desde el título?

R: Es el animal que husmea y sobrevive, que pulula por los bosques nublados de nuestro sur. Simboliza a los habitantes originarios de esta tierra reducidos lentamente por el progreso, un avance que muchas familias de colonos ayudaron a construir. También son los zorros alemanes que luchan por un espacio en aquel territorio. Entonces volvemos a su idea de “lo equívoco” y pienso en el caso de mis ancestros: sólo buscaban una oportunidad de surgir desde la miseria y poner el hombro al trabajo. Ellos, a diferencia de otros colonizadores europeos y nacionales que engañaron a los indígenas, trabajaron codo a codo, incluso llevaron a vivir a su barraca a un muchacho de apellido Llanquiman. Fueron campesinos y gente de oficio que solo buscaban un lugar donde vivir y llevar la fiesta en paz, mientras otros indígenas aun daban su pelea, una contienda que muchos forasteros desconocían. Son dos culturas que pugnaron su propia cruzada: una arremetió contra la usurpación y la otra guerreó contra la desventura. Por ambos siento admiración y respeto.

Hablemos de Llafenko: ¿es Ítaca y Macondo para tí? ¿Existe en la geografía chilena ese paraje? ¿Cómo te decidiste por ubicar ahí a tus zorros?

R: Existe. Y la realidad supera cualquier relato o poema. Quise recrear la colonia de mis bisabuelos en sus primeros tiempos, el coraje de aquella gente humilde que decidió abandonar su tierra para jamás volver, la desconexión con la familia alemana que se quedó en el puerto de Hamburgo agitando sus pañuelos, el impacto de los niños y mujeres frente al salvajismo de una geografía extraña y su capacidad de adaptación. Deseaba plantear aquellos desencuentros y simpatías en el escenario de la cotidianeidad tomándole el pulso desde las faenas del campo, pues allí brotaban en forma espontánea las dudas y cuestionamientos frente a la cultura desconocida, el asco y la admiración al mismo tiempo. Son lenguas, costumbres, corazones que lucharon por sobrevivir pese a la tragedia que los unía y distanciaba, son historias personales y colectivas. Así, la construcción de este imaginario poético se dio en forma casi natural, por ello el libro funciona como un gran poema que apela a la tradición épica, a la gesta, a la paz y la agitación en el bosque, el viejo juego entre el seductor y el seducido, y como telón de fondo las disputas entre adherentes y detractores del Nacional Socialismo frente a los acontecimientos sucedidos allá en Alemania.

Asco es una palabra fuerte para llegar a la admiración, ¿no te parece?

R: Sin duda. El impacto del primer encuentro generó en algunos casos ese cruel sentimiento. Recuerdo que una vez mi tía abuela me relató que siendo niña fue invitada a participar de una ceremonia mapuche: allí vio cómo sacrificaban corderos, y después ensartaban los corazones humeantes de los animales en unas lanzas que eran cargadas por mocetones que cabalgaban alrededor de un altar. Después, mi tía no fue capaz de comerse los pedazos de carne asada que le sirvieron pues “les corría la sangre…” También me dijo que admiraba los tejidos de las indígenas, y el teñido de lanas empleando raíces y hojas le pareció fascinante, ¡quiso aprender! Así sucedía. Muchas veces los colonos, sobre todo mujeres y niños, simplemente no podían resistir aquellas prácticas de la vida cotidiana. Después afloraba la reflexión, el cuestionamiento, la duda, el ¿por qué lo hacían así? o ¿qué significan aquellos rezos y costumbres que ellos no lograban descifrar?... Entonces cuando cito la palabra “asco”, me refiero a ese primer impacto que uno es incapaz de racionalizar ni someter a la compostura. Es, simplemente, la primera reacción, de aprobación o rechazo en donde los colonos se aferraban con desesperación a las costumbres propias “blancas”, o bien se atrevían a conocer aquello que era diferente. Escribí un poema sobre ésto en mi libro anterior.

¿Cómo nace este poemario que es un relato de encuentro de culturas y de lenguas?

R: Durante mucho tiempo cuestioné mi origen sintiéndome incómoda por formar parte de una ascendencia que colaboró con la reducción indígena. Ahora sé que le debo respeto a mis raíces por su hazaña, por las manos partidas de tanto trabajar la tierra, por ese tío que se ahorcó en un establo porque jamás pudo regresar, por mi bisabuela, que sobrevivió a la muerte de su hombre. Comprendí que no se trataba de hacerme cargo de los “pecados” de esa historia, sino que debía entenderla, valorarla con sus amores y dolores y llevarla con dignidad. Después de todo, esas voces habitan en nosotros, los mezclados, y la diversidad nos enriquece. En todos los pueblos hay traidores de la propia sangre y valientes caudillos. Siempre recuerdo las palabras de un joven poeta que me dijo: “después de la Pacificación de la Araucanía, sólo se encontraban tres tipos de mapuche: los que murieron peleando, los que escaparon, y los que se rindieron”, y yo me pregunto ¿acaso no es un mal humano? ¿No somos eso y mucho más en la hora de las sombras? Entonces, reconciliarse con las raíces es quererse y caminar mas tranquilo.

Notable que trabajes otros idiomas junto al castellano. ¿Es una decisión estética o tiene que ver con tu biografía, o ambas? ¿Lees alemán? ¿Y mapudungun? ¿Qué influencias de estos idiomas, de estas literaturas (oral o escrita) marcan tu poesía?

R: Crecí en el sur con mis abuelos de oficio artesanos y músicos, estuve allí hasta los 28 años. Mientras íbamos de pesca o salíamos a buscar murtas* , o en los asados desangrando el cordero, oí sus historias casi transformadas en mito. Allí se mezclaba la tradición mitológica local con la fría racionalidad germana en un mosaico de colores y creencias, entonces mi abuelo abrazaba un viejo acordeón Honner que le habían enviado desde Hamburgo años antes de la guerra. Junto a la abuela, recorrían los alrededores de un sur tenebroso, de caseríos húmedos y barrosos, animando las fiestas de chilenos y mapuches, o compartiendo una tonada junto a un personaje de apellido “Chiguay”. Ahora bien, su padre le enseñó la lengua, pero él abuelo jamás se la enseñó a sus hijos (mi madre), como forma de sacrificio, supongo… no sé. Pero conocía un amplio vocablo de palabras en mapudungún, incluso en su infancia asistió a la escuela con niños indígenas, jugaron, y más de una vez escaparon de los pumas que asechaban en las riberas de los ríos ante los ojos aterrados de la maestra. Esa experiencia de compartir lenguajes fragmentados, de comunicarse de cualquier forma, quise integrarla en el poemario. Era absolutamente necesario. Esos primeros tiempos de la colonia los profundizo en mi primer libro titulado “Quilaco Seducido”.
En literatura me siento fuertemente influenciada por la obra de varios contemporáneos, entre ellos Jaime Huenun, un mapuche-huilliche que también se define como mestizo -y a quien admiro mucho-, por su capacidad de sostener una poesía mas allá de “lo indígena” y de los discursos típicos de la reivindicación, con temas renovados de alta reflexión, investigación y oficio, capaz de competir en otros circuitos, universalizándose. Mi caso es similar al suyo: escribo y pienso en castellano conservando sólo esta lengua.

¿Cuáles son tus lecturas, tus parientes literarios?

R: Hay varios “padres y hermanos” literarios que me han ayudado a reflexionar y encauzar mi trabajo. Francisco Coloane y Manuel Rojas en la infancia y adolescencia, Rimbaud, Vallejo y Withmann… en la tradición local me importan muchos, por nombrar algunos, Stella Díaz Varin, a quien conocí con su temperamento duro y esa poesía terrible y demoledora que me inspiraba respeto. De Miguel Serrano aprendí a sostener un discurso verosímil, consistente hasta en el error, rotundo. Entre los que recuerdo ahora, y ligados al tema que me preocupa, es fundamental citar el libro Karra Maw`n de Clemente Riedemann, que fue una de las primeras propuestas poéticas que conocí en donde se trataba el discurso de lo alemán, lo mapuche y lo mestizo en el sur de Chile. Ese libro, concebido en los años 80`s, sería clave para el desarrollo futuro de mi trabajo, por supuesto sin dejar de lado las cartas, las bitácoras, los relatos orales y los diarios. Karra Maw`n sentó las bases y generó los primeros diálogos antes que muchos poetas indígenas de hoy siquiera se lo plantearan, pero allí faltaba algo: la llegada de las ideas del Nacional Socialismo y sus efectos en los colonos, tanto para quienes se sumaron a la causa como para sus osados detractores. Ese tema -me dije- es necesario reflexionar, y en eso estoy.

¿Te sientes parte de alguna corriente poética especial en América Latina? ¿En Chile? ¿En qué idioma? ¿O en ninguna?

R.: No lo sé. Eso lo dirá el tiempo y los especialistas. Yo puedo agregar que me siento parte de aquellos que buscan, que miran con asombro un pasado escalofriante, sobrecogedor, plagado de secretos que es necesario develar, de territorios prohibidos que deben ser ventilados con espíritu reflexivo, cada cual con su verdad, aunque sea aberrante. Íntimamente, siento que a la poesía de la gente de mi edad (de lo que conozco en Santiago) le falta riesgo, le falta sangre, le falta vómito. Distinto es el caso de los poetas de regiones: allí está la verdadera savia. Lo políticamente correcto hoy es sinónimo de comodidad en escritura. Se vienen a mi cabeza muy buenos poetas como Ernesto González Barnert, Carlos Henrickson, Marcela Saldaño, Juan Cristóbal Romero, Miguel Naranjo Ríos, Mario Meléndez, Damsi Figueroa, Yanko González, Jorge Teillier, Enrique Lihn, Pablo de Rokha… por nombrar algunas voces. Es hora de colocarnos en el lado de lo incorrecto, de los irracionales, de los intrusos, de los forasteros, para oírlos, beberlos, acunarlos, y cuando juntemos las dos mitades de esa manzana, solo entonces podremos hablar de un diálogo.

Leí que habías hecho taller literario de narrativa, ¿también escribes relatos?

R: Tuve la suerte de ser becada por Pía Barros para asistir a su taller de cuento. Sin preguntarme de donde venía, me entregó sus conocimientos y me abrió las puertas. Es una mujer extraordinaria. Allí desarrollé varios relatos en un libro inédito que he titulado “Maldito Sur”, en ellos abordo la sordidez del sur, esta vez, invadido por el turismo y la escoria de lo que ello trae. Poseo una novela de la colonización aun a medias, titulada “Los intrusos”, un set de cuentos infantiles titulado “El ojo de vidrio”, entre otros proyectos que aun necesitan trabajo.
Definitivamente Pía es de otro mundo. En una de las primeras reuniones y casi sin conocerme escuchó uno de mis cuentos y mientras jugaba en su computador, y sin quitar su atención de la pantalla me dijo: “tú deberías leer más poesía…”

Berlín/Santiago de Chile, Junio 2008
Gloria Dünkler
Chile - 1977
Premio Edición Certamen Internacional de Poesía
LOS PUÑOS DE LA PALOMA






El jurado integrado por:
Silvia Delgado Fuentes (España)
Carmen Julia Holguín (México)
Amanda Pedrozo Cibils(Paraguay)
Sylvia Riestra (Uruguay)
María del Pilar Romano (Argentina)
por mayoría de votos
declaró ganadora del

Certamen Internacional de Poesía
LOS PUÑOS DE LA PALOMA
al libro

FÜCHSE VON LLAFENKO


presentado bajo el seudónimo Juan SinTierra)
Verificada la identidad,
su autora resultó ser la joven poeta chilena

GLORIA DÜNKLER,

con cuyo logro

El MOVIMIENTO INTERNACIONAL DE ESCRITORAS
LOS PUÑOS DE LA PALOMA

se congratula
y a quien cada una de sus integrantes envía un abrazo fraterno


Luceros en huelga de hambre

Por Waldina Mejía* (Tegucigalpa/Honduras)

En la noche sin Luna y cerrada por contaminados nubarrones, aquí y allá las pequeñas luciérnagas chisporrotean entre la oscurana y nos ayudan a intuir la senda. Esta vez, las luciérnagas son constelación: varios jóvenes fiscales hondureños -mujeres y hombres que mediante un exigente proceso de selección ganaron sus puestos años antes de nombrados políticamente sus actuales jefes superiores- nos dan el lucero de sus rectos principios, su valentía y patriotismo auténtico (que no es "actuación" para lograr prebendas personales) denunciando serias irregularidades en el funcionamiento del Ministerio Público.
Y como ya agotaron infructuosamente las instancias de denuncias oficiales -hace un año hasta ante el Consejo Nacional Anticorrupción y ante el Comisionado de Derechos Humanos- en vez de cejar, valientemente, se declararon en huelga de hambre desde el siete de abril en los bajos del Congreso Nacional, esperando llamar la atención, sobre todo, de la ciudadanía honesta.
La exigencia toral de los fiscales en huelga: que sean llevadas a juicio las denuncias contra altos funcionarios públicos, políticos y empresarios corruptos, ladrones del empobrecido pueblo de este empobrecido país, por obra y gracia de su latrocinio, cuyos expedientes -denuncian los fiscales- están engavetados o "desacelerados". Para ello, piden constituir una comisión consensuada entre ellos y el Congreso Nacional con fiscales y personas honorables sin vínculos o compromisos partidarios, económicos o familiares (o sea, casi cualquier diputado y alto funcionario) para revisar y corregir las irregularidades. "Ilusos", como los ha llamado el Fiscal General Leónidas Rosa Bautista. "Patriotas", como los reconoce el pueblo hondureño.
Por este modo de ser "ilusos", algunos han sufrido la represión sutil o hasta evidente en forma de traslados arbitrarios a otras fiscalías o a otras localidades, propiciada por la falta del reglamento pertinente, por lo que elaborar y aprobar éste es otra de sus exigencias. Por este modo de ser patriotas, han logrado nuclear el apoyo espontáneo de los más diversos grupos a medida que ha ido conociéndose esta valiente huelga de hambre por los hondureños -a pesar del sesgo de los principales medios de comunicación.
Comenzaron aislados los fiscales Jari Herrera, Soraya Morales, Víctor Fernández, Luis Santos; luego se agregaron Elmer Díaz, Sara Aguilar, Eduardo Díaz y Juan Carlos Griffin, apoyados por varios colegas.
Estos jóvenes hombres y mujeres, agrupados en la Asociación de Fiscales, llevan ya varios años en la batalla de agujerear la oscurana de la corrupción, y el pueblo hondureño los conoció cuando en el 2004, estuvieron en las manifestaciones públicas de su Asociación que llevaron a la renuncia del anterior Fiscal General Ovidio Navarro, quien ayudó a un ex presidente investigado (por cierto, uno de los expedientes dormidos es sobre el ex Fiscal). Las organizaciones populares, gremiales y similares han venido en deterioro debido a la pérdida de los ideales sociales y la misma corrupción de varios de sus dirigentes. Pero estamos seguros de la honestidad de estos patriotas fiscales a la luz de sus pasadas y actuales actuaciones, y ahora que se comprometieron en tan enorme y trascendental lucha, nos sacuden el escepticismo y la modorra y nos hacen renovar la fe: esta Honduras querida aún tiene remedio. Y por eso me integré a la huelga desde el 21 de abril, representando a mi gremio magisterial.
Entre los grupos que apoyan esta huelga histórica -que siguen creciendo- están iglesias evangélicas (hoy con un sorprendente discurso de justicia legal y social aquí en la Tierra), la iglesia católica (de accionar social), estudiantes, artistas, maestros, mujeres, como ciudadanos o reunidos en sus sindicatos, gremios, organizaciones no gubernamentales, etc. El 24 se agregaron un sacerdote católico y tres representantes organizados; el 26 ya eran 24 las personas en huelga de hambre. El 27 se agregó el pastor de la iglesia que ha apoyado decididamente (mucho antes que las otras organizaciones) y con él, varios de sus feligreses. El 28, varios miembros del Comité de Pueblos Indígenas de Honduras y sigue la cuenta a 30 hasta ahora. El 29 se realizó una gran manifestación de todos las organizaciones que apoyan este gran causa, y continúan las acciones y adhesiones, para que entiendan los "mandamases" que el pueblo hondureño ya está harto de tanto abuso e impunidad.
Con la creciente presión popular en todas sus manifestaciones, los hondureños vamos a ganar esta ardua batalla por empezar a romper el "orden" "institucional" que protege a los grandes corruptos que nos han secuestrado a Honduras. Luego debemos pelear para cambiar esas "leyes" que reparten los sensibles cargos del Ministerio Público y la Corte Suprema entre los partidos conservadores corruptos, y después…
Lo mejor es que grupos muy disímiles estamos aprendiendo a coordinar y trabajar en tolerancia tras el lucero común de un verdadero estado de derecho, de una verdadera democracia, de un país para todos, para todas.

*Profesora y escritora
Waldina envió el siguiente mensaje. Ojalá ustedes puedan difundirlo entre sus amistades y conocidos a fin de que se conozca este esfuerzo inédito en la historia de Honduras, y así ejercer presión para que la huelga de hambre no sea en vano y logre sus objetivos, además de que sirva de ejemplo para nuestras sociedades, que están siendo carcomidas por la impunidad y la corrupción política y criminal.
Guillermo Vega Zaragoza (México)
Patria

Aquí tenemos el corazón sellado a miedo y lodo

Con el helado espanto de res en matadero
vemos cómo mutilan a la patria
y asesinan sus sueños
desde siempre
hijo mío, desde siempre
esta hilacha de patria que queremos
porque nos engendró el barro de su dolor
es la cosecha diaria del bandido

y en las aguas sangrientas del dinero
mueren de hambre los hijos de los hombres
y pululan en paz los asesinos.

Pequeño mío,
pájaro florecido del dolor,
cuando a usted le toque ser un hombre
¿cómo será la patria?
¿hoguera enardecida, fuego fatuo?
¿será mejor Usted de lo que nosotros hemos sido?

Waldina Mejía Medina
Tegucigalpa/Honduras
Plegaria.

Carmen Julia Holguín (Chihuahua/México)

Me arrebataron mi nombre en el desierto,
Juan;
garras de odio
me lo quitaron a jirones
y lo arrojaron entre los médanos congelados
de una noche sin luna.

Me lo hicieron pedazos
en medio de un silencio de siglos,
de horas infinitas
cargadas de dolor y humillación
ante cada sílaba ensangrentada
que se perdía en aquella oscuridad maldita.

No pude defenderlo,
Juan;
maniataron mi aliento,
vendaron mi corazón,
amordazaron mis manos y mis piernas
y me lo arrancaron de a poquito,
disfrutando el despojo.

Cuando el sol despertó entre las dunas,
me encontré sin nombre
y empecé a sentir el frío
que me abraza los huesos
y que no me deja incluso ahora,
a pesar de esta sábana blanca
que cubre los restos
de mi carne desorientada.

Estoy muy sola sin mi nombre,
Juan;
durante días han desfilado
frente a mi rostro de cuencas vacías
mi padre y mi madre
y no han podido llamarme hija,
mis hermanos
y no han podido llamarme hermana,
mis hijos
y no han podido llamarme madre
porque no tengo nombre.


Tengo miedo del silencio eterno,
Juan,
de que nadie pueda
volver a pronunciar mi nombre
desbaratado sobre la arena
que ahogó mi sueños.

Sálvame,
Juan.
Nómbrame Ana, Luisa, Rosario,
Yolanda.

Bautízame,
Juan.
Llámame Clara, Rebeca,
Lucía.

Ayúdame a decir presente
cuando Dios llame a todos sus hijos
por su nombre.
Amo.

Armando Tejada Gómez (Mendoza/Argentina)

Amo,
como el que más,
mientras cruzo la vida,
el decoro apacible
de las grandes familias
cuando ponen la mesa festiva de diciembre
y suena a cancionero el pan de la alegría.
Amo,
sin vuelta de hoja,
la ternura del día,
la sal, el noble vino,
la abundante comida
y tengo a esa hora coral cierta evidencia,
cierta noción de júbilo
de raíz en sí misma.
¿Has estado en diciembre como en un campanario
compartiendo el decoro y el pan de las familias?
¡Salud, hermano lejos,
mientras cruzas la vida!

© de los herederos del autor
Arte poética.

Juan Gelman (Buenos Aires/Argentina)

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.
A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.
Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

© del autor
Acerca de la poesía.

Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires/Argentina)

"El ejercicio de la poesía siempre se tratará de una tragedia, y para colmo, de una tragedia solitaria: mal leídos y peor comprendidos, los verdaderos poetas, a pesar de las apariencias, son (desde el punto de vista del público) póstumos. La ventura del poeta es otra: consiste en realizarse en su supremo acto de comunicación (que es siempre un don, una entrega de sí mismo a los otros), realizarse en el acto supremo del poema. Y allí termina lo principal. El resto es circunstancia, azar, ruido o silencio de la feria, y nada más."
(de una carta de Raúl Gustavo Aguirre)

© de los herederos del autor
Sobre una poesía sin pureza.

Pablo Neruda (Chile)

Es muy conveniente, en ciertas horas del día o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: Las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas vegetales o minerales, los sacos de las carbonerías, los barriles, las cestas, los mangos y asas de los instrumentos de carpinteros. De ellos se desprende el contacto del hombre y de la tierra como una lección para el torturado poeta lírico. Las superficies usadas, el gasto que las manos han infligido a las cosas, la atmósfera a menudo trágica y siempre patética de estos objetos, infunde una especie de atracción no despreciable hacia la realidad del mundo. La confusa impureza de los seres humanos se percibe en ellos, la agrupación, uso y desuso de los materiales, las huellas del pie y de los dedos, la constancia de una atmósfera humana inundando las cosas desde lo interno y lo externo. Así sea la poesía que buscamos, gastada como por un ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y a azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley. Una poesía impura como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias, sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos. La sagrada ley del madrigal y los decretos del tacto, olfato, gusto, vista, oído, el deseo de justicia, el deseo sexual, el ruido del océano, sin excluir deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor, y el producto poesía manchado de palomas digitales, Con huellas de diente y hielo, roído tal vez levemente por el sudor y uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad durísima de la madera manejada, del orgulloso hierro. La flor, el trigo, el agua tienen también esa consistencia especial, ese recurso de un magnifico tacto. Y no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, "corazón mío" son sin duda lo poético elemental e imprescindible. Quien huye del mal gusto cae en el hielo.
(Para nacer he nacido)

© de los herederos del autor
Densos velos te cubren, poesía.

Olga Orozco (La Pampa/Argentina)

No es en este volcán que hay debajo de mi lengua falaz donde te busco,
ni es esta espuma azul que hierve y cristaliza en mi cabeza,
sino en esas regiones que cambian de lugar cuando se nombran,
como el secreto yo y las indescifrables colonias de otro mundo.
Noches y días con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol,
atisbando en el cielo una señal,
la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo,
una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta.
Algo con que alumbrar las sílabas dispersas de un código perdido
para poder leer en estas piedras mi costado invisible.
Pero ningún pentecostés de alas ardientes desciende sobre mí.
¡Variaciones del humo,
retazos de tinieblas con máscaras de plomo,
meteoros innominados que me sustraen la visión entre un batir de puertas!
Noches y días fortificada en la clausura de esta piel,
escarbando en la sangre como un topo,
removiendo en los huesos las fundaciones y las lápidas,
en busca de un indicio como de un talismán que me revierta la división y la caída.
¿Dónde fue sepultada la semilla de mi pequeño verbo aún sin formular?
¿En qué Delfos perdido en la corriente suben como el vapor las voces desasidas que reclaman mi voz para manifestarse?
¿Y cómo asir el signo a la deriva -ese y no cualquier otro-en que debe encarnar cada fragmento de este inmenso silencio?
No hay respuesta que estalle como una constelación entre harapos nocturnos.
¡Apenas si fantasmas insondables de las profundidades,
territorios que comunican con pantanos,
astillas de palabras y guijarros que se disuelven en la insoluble nada!
Sin embargo ahora mismo
o alguna vez no sé quién sabe puede ser
a través de las dobles espesuras que cierran la salida
o acaso suspendida por un error de siglos en la red del instante
creí verte surgir como una isla
quizás como una barca entre las nubes
o un castillo en el que alguien canta
o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos encendidos.
¡Ah las manos cortadas, los ojos que encandilan y el oído que atruena!
¡Un puñado de polvo, mis vocablos!

© de los herederos de la autora
Maneras de luchar.

Rubén Vela (Buenos Aires/Argentina)

Que no me digan
que escriben simplemente,
que dicen el poema
sin pensarlo siquiera.
Que él nace porque sí.
Es un arduo trabajo,
un oficio de herreros,
un hacer proletario.
Un cansancio que continuará mañana.
Que no me digan
que se hacen poemas sin sudores,
sin una larga y violenta jornada de trabajo.
Tengo las manos como las de un labriego,
duras, gastadas, llenas de poemas.

© del autor
hay tantos presos en mi país

Sylvia Riestra (Montevideo/Uruguay)

hay tantos presos en mi país
en mi primera persona del plural
que ya no se puede
dónde estarse a salvo
las madres no aciertan con sus vientres
y regurgitan el corazón
cuando oyen un motor diesel
lento
cerca
la memoria está preñada
-seccionado el nervio-
águilas oxidadas sobrevuelan el aire
se cierran las puertas
y las ventanas en voz baja
- nadie pregunta los nombres-
en las noches
se encienden tubos de neón
y se huele
y se oye

© de la autora
Las mujeres saudíes no pueden votar, ni viajar sin autorización del marido o tutor masculino. No pueden conducir vehículos ni trabajar en la mayoría de las dependencias del estado y aunque obtengan empleo en el sector privado, lo usual es que se las ubique en un espacio público separado del destinado a los hombres.

Por Silvia Delgado Fuentes

Padre,

déjeme ir a la escuela
con el pelo corto
o velo y libro santo.
Padre,
guardaré silencio,
esconderé mis pechos,
ignoraré mis deseos.
Padre,
déjeme ir a la escuela,
no me exilie en el bordado,
ni en el fogón,
ni en el cuarto de partos.
Padre, deje, entre mis manos,
algo más que hilo,
harina,
déjeme libros,
palabras,
canciones,
silabarios.
Padre, deje que vaya a la escuela
a escuchar batallas,
a trabajar las letras,
a dibujar sumas y restas,
a leer historias de amores y de guerras.
Padre, deje que vaya a la escuela
para aprender lo mismo
que mis hermanos hombres.

© de la autora
La escritora.

Norma Segades - Manias (Santa Fe/Argentina)

"... porque hasta el último hálito de vida voy a aferrarme a la conciencia." Leticia Ricárdez (México)

La voz estalla en huecos de conciencia
con un gesto de espiga reclamándole al siglo sus silencios culpables.
La voz se eleva triste, sin ritmo de panfleto admonitorio
ni cadencia de muerte multiplicando coágulos
ni palabras convulsas.
La voz busca engendrarse
con semen de fogatas pulsando en la vigilia,
en el cántaro azul de una esperanza ejercida a mansalva.
La voz quiere ser clara como el agua en la lluvia o la luz en la aurora.
La voz quiere ser largamente pura.
Pero ella no suscribe al disimulo,
renuncia a los secretos, abdica a los disfraces, reniega de mordazas.
Entonces ya no puede consentir los dolores encrespados,
admitir los vendajes que ciegan las pupilas,
omitir la denuncia.
Entonces se apasiona,
entonces se derrama como un bálsamo tibio
entre todas las llagas rigurosas, entre todo el agravio,
entre todos los odios que invaden la intemperie cuando la vida exhibe
sus colmillos de eclipses y penumbras,
inventa algunas treguas tutelares,
alguna fe propicia que le encienda horizontes a pesar del espanto,
algún síntoma breve de escasas indulgencias malheridas,
un resto de plegaria agazapada
que funde otra liturgia...
Pero en el fondo sabe
que algo viene creciendo a través de la pena
que, más allá de la quietud del viento, el hambre anda en jaurías,
que tiene el corazón de pie en las coordenadas del más hondo cansancio,
que tiene el corazón sobre la furia.

© de la autora
Los puños de la paloma.

Adriana Díaz Crosta (Santo Tomé-Santa Fe/Argentina)

Una gota de cartón
una mano
mirando hacia arriba
un pico mordiendo
la intemperie
una sangre descuidada
pisada por la calle.
Detrás de un paisaje de plumas
nosotros
con una fe descobijada
y lunas desnudas
y vuelos de barro
nosotros
entre sudadas azucenas
y estetoscopios caídos
y puños masticando el aire.
Un racimo
desmigajado
un canto ardido
un hijo que se va
un matutino cerrado
un pensamiento debajo de la mesa
el parto de una flor
un sueño en remojo
por la boca
de la palangana
nosotros

una cólera de palomas.

© de los herederos

Adriana Díaz Crosta nació en Santa Fe el 11 de enero de 1960. "Los puños de la paloma" fue el título elegido por ella para su libro primogénito. Murió en Santo Tomé el 25 de mayo de 1995. Tenía 35 años.
La familia bien gracias.

Graciela Geller (Santa Fe/Argentina)

sigue sus huellas
huele su olor por las veredas
contrata ojos suplementarios
pacta con dios y con el diablo
gasta su antorcha en extramuros
nada ahorra para sus profundas entretelas
espejo dieta vestidos
pinta sus lágrimas con el exacto color de esta temporada
y aguarda aguarda a que él le diga
pero él no dice
¡es que está tan ocupado!
en sus trabajos en sus dineros en su automóvil
y en apuntar las brújulas hacia su propio ombligo
por sobre todo
por sobre ella
por sobre todas
-¿y la familia?
ay mujerque grita su orgasmo de rutina
muy cuidadosa ya que sus niños pared por medio
eso sí: no tan seguido
salteando meses
cuando Rutina manda que sea usada como una esposa
ah mujer
devota y enemiga
tan feliz cuando en el pino de diciembre él le cuelga esa mirada
como cuando lo descubre en falta
porque sólo así puede
porque así impone y exige y quiebra
y le confía a las amigas
que por fin lo ha apresado de los testículos (en lunfardo)
-bien gracias
así las cosas espera el climax
y en medio del loco instante
le pregunta si aún la quiere
y él que sí claro
que como el primer día
Estos son los amores que le contaba.
Amores de los dientes para afuera.
Amores para toda la vida.

© de los herederos de la autora
La Ilíaca
Apuntes autobiográficos (fragmento)

Esther Andradi (Santa Fe-Argentina/Berlín-Alemania)

En Alejandría me desollaron viva:
con erizos una turba arrancó mi piel después de asaltarme en nombre de su dios,
en su honor quemaron la Biblioteca,
bien dicen que las llamas apaciguan a las fieras,
cenizas al viento,
y jamás hubo quien pudiese reproducir mis papiros;
también mis discípulos hirvieron en el odio,
desde entonces el fuego viene escribiendo mis memorias
En Tebas un toro hundió su guampa en mi pelvis
frente a un coro de fanáticos que me había llevado hasta allí para condenar
de esa forma y para siempre
la rotación de mis caderas,
mientras me desangraba apostaban sus tesoros entre ellos
por saber si me había gustado
y alguno que otro me musitó al oído su gangosa apetencia,
así veneraron los nobles mis poderes
En Europa el potro se comía mi carne a dentelladas
y en China mis pies eran reducidos a lágrima viva
recortados-asfixiados-calibrados por torturadores de gota gorda
que anhelaban un instrumento para atenuar sus hemorroides
Alejandro se ensañó con los hijos de mi vientre cuando me negué a bailar para la tropa,
y varios generales cuyos nombres ya son pasto del olvido
arrojaron sus excrecencias sobre mi piel mientras amamantaba,
la pira que elevaron con los cuerpos de mi prole incendió el aire con ácido de miedo
me taparon la boca con hierros candentes,
con cal viva cosieron mis oídos,
con conchas de nácar desgarraron mi piel,
con sus espadas reventaron mis ojos,
penetraron con sus hedores mis narices
pero no pudieron aniquilarme ni matarme ni dormirme ni mutilarme ni rendirme ni pudrirme ni dispersarme ni desarmarme ni contagiarme
ni eliminar de una vez y para siempre el deseo de mí que hierve en todos sus cuerpos desde que estoy y soy como he sido
con pasión y memoria
porque también es cierto que en oriente mi vacío inspiró templos sagrados,
en Delfos mi matriz narraba el futuro,
Afrodita llamó Histeria a sus orgías para celebrarme
y hasta la nave central de las construcciones del dios de occidente evoca mi centro sin nombrarlo
y si es verdad que en las células viene escrito el preceder,
el placer de conocer está grabado en todos los idiomas de esta casa mía,
aún bloqueados los muros,
cerradas sus puertas,
el derrumbe sin embargo no es cosa de encantamiento,
miles y miles de años acunando sabiduría no es un día ni un mes,
vuelvo ahora para marcar territorio,
a zambullirme entre hemisferios,
a soñar en varias dimensiones el devenir,
ávido por recuperar la vibración de mis oídos,
sordo de tanto ruido recurro al trípode de mis huesos, incinerado, muerto y sepultado y sin poder callarlo,
entre cada minuto-segundo-instante cuando el latido reproduce en mi interior el engranaje que me condena y salva,
me arroja y sostiene,
me embellece y asombra,
rotación del tiempo,
detenido y quieto,
y vuelvo a rodar por mis caderas en este punto donde traigo al mundo el mundo,
arco donde amanece,
ilión que abre paso a la criatura,
clavícula destinal,
pendiente de hueso ésta es mi ilíaca,
compositora de música sin que alguien la entone,
dueña del himno que nadie canta,
origen de la palabra que no la nombra,
generadora de la historia que no la recuerda,
materia oscura que se danza el universo,
ésta es mi ilíaca,
tómala si puedes,
quémate los dedos,
piérdete en mi saqueo,
gózate con mi leyenda,
aquiétate en las aguas de mi sangre
y espera a que te alumbre ahora y en la hora de esta biografía:
Tengo dolores de parto.
Mi hija nacerá hoy de estos escombros,
mi cuerpo vuelve a cumplir veinte como tenía ella cuando se la llevaron,
y aquí estoy yo,
una doña como me llaman mis vecinas,
un trasto inútil para el patrón que me despide,
una loca perdida para el milico que me golpea,
una señora admirable según mi viejo que en paz descanse.
Yo sigo regando malvones.
Si mañana graniza, no me importa, los meteré adentro.
Y que viva la noche.
Me desabrocho la blusa. Como mi hija en primavera.
Sumerjo los pies en la palangana con agua caliente. Como mi hija en invierno.
Rezo las palabras secretas. Como mi hija en silencio.
Y que viva el sol.
Me pongo un sombrero para pasar el verano.
Como mi hija.
Por mi hija.
La que nació un día de mí.
La que nace de mí otra vez mientras sigo cumpliendo siglos

Nota - Ilion: hueso que forma el saliente de la cadera, el cual junto al isquion y el pubis forma el llamado “hueso innominado o iliaco” (María Moliner, Diccionario de uso del español)

© de la autora
Misión.

Pilar Romano (Corrientes/Argentina)

Vi el sendero tendido ante mí
y vengo,
con mis sandalias, mi nostalgia, mi oscuridad.
Tal vez un poco extraña, conmovida,
segura de tener por delante
algún tipo de misión.
...el sol sigue girando en el centro,
abrazando los verdes
con esa furia de luz poderosa.
También siguen
el olor a pasto fresco
y a ciudad fatigada.
Pero hay cosas que debo ayudar a cambiar,
por ejemplo,
encontrar un modo nuevo
de responder al lenguaje
con que nos habla la in-humanidad,
Tal vez palabras de ángeles
pronunciadas con cautela,
tal vez el idioma del coraje y la lealtad.
Pero no más movimientos de hombros
como única respuesta.

© de la autora
Reflexión

Amanda Pedrozo (Asunción/Paraguay)

Si no tuviera
este enjambre de amor en el pecho
sería perfecto
vivir a tu lado buenamente
como se recomienda
palidecer contándote cuentos
acerca de nietos y de insecticidas.

Si no tuviera
los pies incontrolables
sería edificante
comerme las preguntas
esperarte quieta
con una sombra leve en la manos
limándose las uñas.

Si no tuviera
traumas y pecados inmortales
probablemente
estaría cometiendo padrenuestros
y en silencio
buscaría entre las sacaras palabras
alguna que permitiera la desobediencia.

Si no tuviera
tantos argumentos indecentes
estaría mirando
cómo el aburrimiento
crece
y no sería ésta que te piensa ahora
sobre otro cuerpo
y otra calle
en otra noche.

© de la autora
La muerte verdadera.

Waldina Mejía Medina (Tegucigalpa/Honduras)

Endurecí mis ojos para que ya no vieran
más pobreza
acallé mis oídos para que ya no oyeran
más dolor
mutilé mi esperanza para que ya no hablara
más Justicia
emparedé mi alma para que ya no amara
la Verdad
y cuando así maté lo más hermoso
me hice duro caucho
que no sonrió, no amó, ni siquiera lloró
mi propia muerte
porque la merecía
para siempre.

© de la autora
Mural 78.

Helena Ramos (Rusia-Nicaragua)

Es un mundo cruel, sangriento
pero bello...
El mundo de la hierba
ensangrentada;
donde la sangre
tiñe las olas,
donde la sangre
riega la tierra,
donde tañe
como una guitarra
el dolor por los caídos.

Donde brilla el sol generoso,
donde cantan los ríos sonoros,
con fervor crepitan las llamas
y se ama porque se ama;
donde crecen novias abedules
y orgullosos cedros
y de noche, caen las estrellas
en la mano de un niño.
Allí la bandera alta
orea los sueños.

Allí la gente sabe
morir
y la podre no se atreve
a tocar los rostros muertos.
Hay un reguero de sangre
sobre las piedras y flores.

Allá
son bellos los brazos morenos
de tu compañera,
son bellos los ojos oscuros
mirándote el alma,
son bellos los labios calientes
que dijeron "te quiero",
y cae una lluvia de claveles.

Pero son inenarrables las torturas,
interminables las noches
cuando el dolor te desgarra
sin escape ni tregua,
el cuerpo se rompe en un grito mudo
y corren los ríos de tu sangre.
A la última alba huele el viento
y no puedes protegerte de las balas,
escudarte de la muerte.


El clavel invencible florece,
cae al agua preclara
y se deshace en sangre.

© de la autora
Un gran país.

Lina Zerón (México/México)

Vivo en un país tan grande que todo queda lejos
la educación,
la comida,
la vivienda.

Tan extenso es mi país
que la justicia no alcanza para todos.

© de la autora
Réquiem por los pájaros.

Norma Segades - Manias (Santa Fe/Argentina)

Si cerraba los ojos podía ver al abuelo dialogando con el señor moreno, de sombrero pajizo; a ella misma, observándolos, sentada sobre el pasto; y a las voces, pesadas, detenidas en el aire de enero. Nombraban la ciudad donde estaban juzgando el horror de algunos crímenes que deben mantenerse bien lejos del alcance de los niños. Hablaban de sus hombres y mujeres jurando, hasta el cansancio, que ninguno sabía el destino final de aquellos trenes...
¡Qué estúpidos! - recordaba haber pensado para sí, antes de dibujar con una rama en la piel caliente de la tierra la palabra mentira... y concluir, finalmente- Debe ser algún cuento. No puede haber un pueblo lleno de mentirosos... Se sabe que los trenes siempre nos llevan a un destino cierto.
Claro está que el abuelo se había ido hacía ya largos calendarios y ella siguió la vida, olvidó los detalles, como siempre sucede. Sufrió sus desengaños, sus tristezas; inauguró la culpa y ese vacío absurdo que durante cien lunas se le alojó en el pecho.
Un día se casó. Renunció a todo. La absorbieron los hijos, el mercado, la casa, los caprichos de Juan a quien se sometió intencionalmente para purgar sus deudas y así poder resucitarse.
El mundo era una cosa que existía fuera de sus silencios. Los vecinos hablaban, contaban sucedidos. Una pareja joven. Allá en aquella esquina. ¿La recordás? Pasaban por las tardes con la bolsa de compras. Deben haber tenido armas, por supuesto. No le quedó remedio a los milicos. Así quedó la casa. ¡Pobre del propietario!. No, ver no vimos nada, rodearon la manzana,... pero fue un tiroteo interminable. Sacaron tres cadáveres, nadie sabe quién era, parece que la madre y... ya lo escuchó a Camps, son riesgos que se corren... se sabe que las balas nunca piensan...
Ella hacía las compras, jabonaba pañales, enjuagaba y tendía. No había dinero para descartables. Pasaba por las tardes con su sonrisa enorme.
Después llegó el mundial y aquella ceremonia con los niños vestiditos de blanco. Todo tan ordenado y prolijo y perfecto. Y los partidos que miraban desde lo tibiecito de la cama donde se refugiaban. Era invierno, hacía frío. Preparaba pasteles con dulce de membrillo. Comían acostados mientras las calles eran un desierto que de pronto estallaba en miles de gargantas sumidas en el éxtasis del triunfo.
Y de golpe, la copa. El mundo en esas manos anónimas que anduvieron la calle envueltos en banderas. Vecinos que corrían a expresar su alegría sobre los bulevares. Los niños que querían llevar la patria a cuestas. Ella pidiéndole a su esposo que fuera a acompañarlos. Justamente a Juan, inquilino de su rabia, gritando, histérico, que él no se prestaba... que todo era ficticio, una grandiosa farsa para esconder la mugre debajo de la alfombra. Y la amiga, en la puerta, esperando que alzara a la pequeña mientras su hijo entonaba las canciones con otros amiguitos y toda la ciudad era una fiesta.
Y luego, continuar caminando su mundo de manteles, de risas controladas, de limpieza; de hacer brillar los pisos; de comprar los adornos económicos para tantas repisas. Disimulando siempre la pobreza con sus manos groseras, casi toscas, dos simples instrumentos de trabajo que anhelaban caricias.
Y el regreso, la vida en democracia con los acusadores testimonios, índices torvos, corazones de lesa indiferencia, expedientes, volúmenes de nunca más indulto obediencia debida... la nostalgia trayéndole el recuerdo de aquel pueblo europeo en el ’45 mordiendo la derrota y la vergüenza, murmurando: nosotros no sabíamos dónde iban los trenes.
Mientras su culpa busca a los que faltan, los pañuelos blancos se disfrazan de jueves en la plaza reclamando un retazo de memoria para aquellos que fueron otros hijos y Scilingo no sabe qué hacer con su conciencia porque volé la muerte con capucha mientras la noche era siniestra y lúgubre y el Río de la Plata se convertía en un sepulcro enorme cobijando el secreto inconfesable.
Y ella; loca-demente-culpable-cómplice del silencio, incapaz absoluta de pensar-darse cuenta de la gran mascarada; ahora que lo sabe, que por fin se da cuenta de que hay pájaros perdidos en la historia y hay historias perdidas sin los pájaros. Y algo peor todavía; ahora que comprende que no pudo evitar salir con la bandera; que no se atrevió nunca a decirle a su padre que se fuera a la mierda cuando juzgaba con su voz solemne que no quedaban dudas, que algo habrán hecho, que en algo habrán andado. Que le vendieron un mundial de fútbol y ella compró su oblea distintiva de derechos y humanos porque aquí, en este sitio, todo estaba ordenado, nunca pasaba nada, habíamos blanqueado los parques y las plazas. Si se encontraban nidos destrozados era porque ensuciaban las veredas y aquí, de pronto, todos fuimos limpios y los hombres vistieron como hombres, usaban pelo corto y nadie se metía donde no lo llamaban... y hasta Dios prefirió guardar silencio... y no estamos seguros de que murieran los pájaros porque nunca encontraron los cadáveres.

© de la autora
Dios soy yo.

Esther Andradi (Santa Fe-Argentina/Berlín-Alemania)

Ibrahim Abdullah se rasgó la barbilla con sus dedos metálicos. ¿Cómo podría escribir? En la batalla había perdido el anular y el índice, y el pulgar aquel, que una vez compuso, era apenas una burda maniobra en el aire. Comprobó. Sintió que el metal le aplastaba la memoria del tacto, pero no tenía alternativa. Había que hacerlo. El Supremo Ministro le había encomendado esta misión. Reescribir. A él, nada menos que a él, mano derecha de Hermeneutes, el Director de las bibliotecas incendiadas, definitivamente arrasadas, letra sobre letra. Ahora le encargaban la reconstrucción. Los habían capturado juntos, pero mientras a Ibrahim lo trasladaron a una bóveda del hospital para curarlo, al viejo, que se resistió en todo momento a colaborar, lo encerraron en la cripta de la luz.
Habían recorrido cientos de kilómetros con ese destartalado vehículo. Nadie que conociese los riesgos de manejar se hubiera atrevido como ellos. No hablaban. Parecía que hubieran perdido la costumbre de la palabra, le explicaron a los puñetazos e hicieron sonar interjecciones en sus mandíbulas y oídos. Finalmente uno de los emisarios del Supremo le descubrió la cara magullada y habló:
–¿Te vas a acordar o no?
Para Ibrahim Abdullah la pregunta era su pesadilla. Todo lo había soportado, sin conmoción alguna, hasta que supo que la desaparición de los tesoros impresos era irreversible, tanto como la gravedad de Hermeneutes, su maestro, y la misión que el Supremo le adjudicaba ahora a Ibrahim, para que elija entre reescribir, o no ser. Como su pasado. Acordarse podría quizás, pero nunca iba a ser como el original.
–Y qué importa –le contestó groseramente la figura–. Ya no quedan originales en ninguna parte para comparar.
Volvieron a amenazarlo.
–El único original eres tú.
Las carcajadas retumbaron en sus oídos.
No podía creerlo. Memorioso había sido siempre, pero esto era mucho más de lo que podía imaginarse. ¿Escribir de memoria los textos...?
–Bueno, no todos, sólo aquello que el Supremo quiera, se entiende.
La guerra no había acabado ni con las calculadoras ni con las bóvedas del tesoro en los bancos, pero sí con la letra impresa: no había bibliotecas particulares posibles y desde que el Estado obligó a los ciudadanos a deshacerse de libros y papeles, toda palabra escrita se había perdido. Ibrahim sintió una angustia inconmensurable en la garganta, una contricción severa en el torso y le pareció que estaba partiéndosele el corazón, pero ni morirse lo dejaron.
Muertos los libros, vivan los libros, hubiera deseado pronunciar Ibrahim, pero calló. No eran tiempos éstos para abrir la boca. Una vez en el hospital, fue rescatado de la horda militar por Kalostro, el sacerdote.
–Olvídate –le pidió Kalostro, dueño y cancerbero, que desde entonces abría y cerraba la puerta de su celda.
Y depositó sobre sus rodillas esa máquina que se convirtió en su único contacto con el afuera..
–Es algo del otro mundo –susurró.
La habían encontrado en el fondo de la ciénaga, la menos oscura y tenebrosa, que ya llegaba hasta el hospital de campaña. Era un aparato pequeño, como un mínimo órgano lleno de teclados semejante a la Klavier que alguna vez tuvo Hermeneutes, aquel que hoy lloraba en la cripta de la luz cada vez que se escondía el sol, porque recuerda.
–Al fin y al cabo, el aniquilamiento no es tan problemático –le confió el sacerdote Kalostro–. La censura tendrá menos trabajo a partir de ahora.
El alivio del prelado sonó como una advertencia para Ibrahim Abdullah, condenado a sobrevivir el campo de batalla y la destrucción posterior para ver como el desierto extendía sus lenguas sobre los ancestros, devorándose lo que una vez fue vergel. La tierra, o como quiera que se llame, era ahora esa esponja llena de esquirlas que veía por el monitor del aparato que le entregó Kalostro.
–Serás el escribiente de la nueva era –seducía Kalostro al joven Ibrahim, que ya se sentía huérfano como discípulo–. ¿No decías que conocías los textos? ¿No eras acaso el terror de la documentación y la investigación? Ahora serás quien resucitará lo muerto y reconstruirás las palabras que recuerdes, serás el almacén de este resto de humanidad para que se sepa que somos poderosos, pero la aniquilación nos es ajena...
Kalostro se secó la frente como si el cinismo de su discurso le hubiera provocado algún escrúpulo.
¿Cuánto pesa un escrúpulo, Hermeneutes? ¿Cuánto? Rogó, gimió, se retorció Ibrahim, pero no había caso. Su Maestro ya no estaba ahí para responder, acaso no estaría más para nada, había quedado solo, definitivamente solo en esta tierra que alguna vez también había sido suya, de ambos, de millones, pero ahora ya no se podía caminar por ella ni usar las piernas, los que aún las tuviesen. La tierra que había sido de todos y de todas se había convertido en una ciénaga de plástico mortal para quien se aventurase fuera de su cápsula.
–Aunque los más pobres lo intentan –le contó Kalostro en un ímpetu de sinceramiento–, como no les queda otra... verás, siempre hay alguna loca que se atreve a quitarse todo y a gritar a la intemperie.
Y el monitor de la pequeña máquina se iluminaba para revelar el mundo exterior.
Ganas de eles, pensó Ibrahim. Morir por una lápida, lámina, lacerante, litigio, luz, lagar, lilith, leer pidió.
–Lágrimas –agregó el sacerdote–. Lágrimas y látigo te faltan.
Desde entonces practicaba. Todas las tardes, desnudo y silencioso, mutaba sonidos, palabras, letras, gárgaras, todo lo que pueda ser que no haya sido. Pero hasta ahora no le había sido posible reencontrar ni reescribir ni confirmar alguno de los antiguos escritos. El viejo Hermeneutes, en tanto, se retorcía durante los interrogatorios en la cripta blanca y pulcra y rechinaba por un poco de sombra. Basta ya de luz, déjenme en paz, bramaba el prisionero, mientras Ibrahim Abdullah tomaba nota de cualquier cosa que recitase el viejo Maestro.
Aquella tarde, Hermeneutes había despertado de su letargo y se abalanzó como gato enloquecido sobre Ibrahim, volvió a escupir como cuando lo habían recogido en la biblioteca humeante, mientras sus escribas se hundían en la ciénaga de plástico para siempre. Con ella desaparecían también las láminas, los mensajes, el papel, la última fibra de luz donde alguna vez habían dejado sus huellas los seres. Ninguno de los asesinos lloró. Definitivamente aliviados, los saqueadores se dedicaron a la farra viva de lotearse las escrituras y después eliminarlas para siempre. No habrá nada que las recuerde ni palabras que digan que alguna vez fueron, de aquí en más no serán nunca jamás y para siempre estarán fuera del mundo y el olvido. Perecederas serán. Fue la condena.
¿Cuán amplio es el olvido? ¿De qué color son sus praderas? Será como la pampa, acaso, como el desierto, los contornos bajo el hacha, se preguntó Ibrahim. En vano. Nadie vendrá a responderle. El viejo Hermeneutes acababa de expirar. Su vida ya no será. Su memoria tampoco. Y el viejo se hundió lentamente en la hirviente textura de la ciénaga que como todos saben, encierra el paraíso.
Entonces Ibrahim Abdullah comenzó a escribir, tembloroso, con sus dedos metálicos, aquello que le dictara su memoria, embelesado, poseso, como si copiara de algún papiro imaginario reflotado por un instante del olvido.
–Muéstrame lo tuyo, Ibrahim –le sobó el lomo por la noche el Supremo, que amaba el perfume de los jóvenes más que cualquier otro sentido y que hubiera dado gran parte de ese reino maldito por un poco más de belleza y menos de codicia. Pero, ah, la perra vida siempre se salía con la suya. Husmeó por sobre el hombro del joven, reconoció aquella frase que reproducía el monitor y entonces supo que todo comenzaría de nuevo.
–Lindo tu apócrifo, muchacho, dijo, y leyó en voz alta como si supiera:
“hen un lugar de La Mancha de cullo nonvre no quiero hacordarme...”

© de la autora
El señor de la noche.

Amanda Pedrozo (Asunción/Paraguay)

Rosalí estuvo todos esos días pensativa. Miraba desde su sillón de mimbre a su nieta que cantaba, perdida en un sueño repetido, donde se le aparecía el amante nocturno con su olor a monte y misterio, destapándola despacito para ir hundiéndose después con fuerza en su cuerpo, sin decir una sola palabra. La nieta Atilana había cambiado desde entonces. Ella, la tristona, estaba loca de contento. Ella, la que no paraba de contar sus penas, callaba tercamente ahora, pero en vano: se le notaba a la legua que andaba en amores...
El tronco como desnudo de la nieta, los pasos que no se oían al borde de la cama, sino más lejos y como afuera bajo los mangos, el olor a sobaco húmedo que quedaba pegado hasta en las paredes de tacuara y barro colorado después de que el amado intruso hurgara bajo el camisón de bombasí rosado de Atilana, sin que ésta hiciera nada, salvo exhalar su olor nuevo para juntarlo con el otro aroma casi desvanecedor, fueron haciendo el injusto milagro de rejuvenecer a la anciana sin lograr traerla devuelta de su carne machucada sin remedio.
De día, no podía dormir. Quería apropiarse con los ojos de Atilana. A veces le dolían las arrugas cuando con su escasa vista percibía un arañazo en los hombros carnosos de la muchacha o un moretón azulado en el cuello. De noche, tampoco podía, porque esperaba con los ojos prendidos en la oscuridad el andar extraño que no se podía oír, sino sentir solamente. Se había llegado a comer un poco de tabaco que él, en su silenciosa puntualidad nocturna, dejó tirado en el borde del catre.
A Rosalí le sirvió la pequeña sustancia marrón para el día entero. Se la pasó mascando de a puchitos, hasta que tuvo que resignarse a tragarse con la saliva terrosa el último resto de sueño que le quedaba. Después se quedó pensativa en el sillón de mimbre, fraguando la felicidad, el colmo, el desespero amoroso.
Esa noche iba a concretar la locura. Ni pudo tragarse el guiso de pájaros que Atilana preparó casi sin darse cuenta. La muchacha así venía haciendo todas las cosas en los últimos días, desde que empezó a florecer en la humedad de la noche. Así que Rosalí enredó tanto las cosas, inventó las mil y una, y entre vuelta y vuelta de cuentos que iba soltando a la nieta, ésta no pudo rechazar un vasito de guaripola. A un vasito siguió otro, y finalmente Atilana terminó durmiendo en la cama de su abuela, y ésta se tumbó en el catre de la muchacha, envuelta en el camisón rosado de bombasí que olía a una flor y a un cielo cargado de lluvia.
Llegada la medianoche, Rosalí tenía el cuerpo dispuesto, aunque el cuerpo no hacía honor a su arrebato. Primero, en la noche, se sintió una alteración de gallinas desde la esquina del tatakua. Después, el viento pareció detenerse sobre la puerta y Rosalí sintió con el olfato que él, el amado silencioso, ya estaba allí, que la tocaba casi, que lo tenía encima, hurgándole el camisón rosado de bombasí con una violencia increíble, que la arrojó sobre sí misma y la replegó con su sorpresa y locura. En el centro mismo de un relámpago, tuvo todas las certezas en un solo instante.
Lo vio, más fuerza que cuerpo, más negro que el más oscuro de los pecados, más húmedo que la respiración del abuelo cuando el asma lo sumía en la demencia. Puro pelos y ojos encendidos, el amado sustraído por una noche, el apenas entrevisto, silbó una sola vez, y la estranguló. Dijeron al día siguiente los otros nietos, que el Señor de la Noche, aquel cuya nombre en guaraní no debía ser jamás pronunciado, había estado en la casa, y que había matado a Rosalí para violar a Atilana, que empezó a vagar su delirio incurable desde ese momento y para siempre, bajo los mangos frondosos y la dudosa soledad del tatakua.

© de la autora
Tiempo de lavar.

Pilar Romano (Corrientes/Argentina)

No estaba pensando en él. En realidad no estaba pensando en nada, sin embargo su mente, o su alma —quién sabe dónde dormitan estas determinaciones— se llenó de golpe con la decisión de que lo perdonaría. Después de todo, la culpable era ella, por haberse enamorado de un hombre que llevaba en el bolsillo una máscara.
Miró hacia el pequeño jardín; el viento levantaba un polvo seco y agitaba los tallos de las plantas que hacía por lo menos una semana no regaba. Contra un cielo casi metálico revoloteaban, como todas los días a esa hora, unos pájaros parecidos a pedazos de papel chamuscado mecidos por el aire que seguramente también se movía allá arriba. «Cuando extienda la ropa se volverá a ensuciar», pensó, pero siguió cargando con polvo de jabón el lavarropas, como si sus acciones estuvieran desconectadas de la razón.
Sintió que debía hacer un esfuerzo y pensar. Quería estar segura de lo que haría antes de que volviera el fastidio de la noche para enredarla en la incertidumbre. A esa hora el destino siempre le mostraba incertidumbre. Debía estar segura antes de oír de nuevo las palabras de brujo con que él había alquilado su destino, segura antes de ceder a la tentación de encender la lámpara y bailar con falda de gitana sobre las promesas incumplidas.
Aunque no lograra pensar, estaba segura de que lo perdonaría.
«Siempre me inquietó el blanco», recordó; quizá por eso su gata Elka era negra. Sintió el roce tibio de la piel peluda de Elka rozándole las pantorrillas, mientras el polvo blanco del jabón seguía dispersándose sobre el agua. ¿Cuánto haría que sostenía el envase que terminaba de abrir? ¿No sería ya suficiente?
«Debería haber maridos descartables», siguió divagando, «como este envase, como maniquíes casi, pero medio humanos; serían mejores que estos otros con la fidelidad de un gato montés.» Hizo un repaso de las aventuras de Javier, de aquellas que había logrado soportar y digerir. Lo había absuelto en todas, incluso en la última. Menos una: nunca, hasta ese momento, había podido perdonarle aquélla con la catequista de Elenita. Estaba la nena de por medio. Por la nena había conocido a esa falsa aprendiz de monjita. El episodio se le aparecía siempre como una obscenidad navegando en agua bendita.
Y de pronto, en esa siesta de otoño, la súbita e infundada sensación de que podía perdonarlo. «¿No será demasiado jabón?» Suspendió la carga al sentir un insobornable deseo de descansar, aunque fuera por un rato. Puso en marcha el lavarropas y se sentó en una de las sillas del patio. Quiso tomar a Elka para acariciarla sobre su regazo, pero ella se alejó. «Qué raro...», el olor a jabón en polvo siempre la hizo estornudar... Con los ojos semicerrados, vio cómo la espuma empezaba a desbordarse, a avanzar hacia ella, a ocuparlo todo, pero su mente nada podía articular, salvo la idea de que lo había perdonado. Luego iría al dormitorio para decírselo. Por ahora, se abandonaría a esa placentera experiencia de flotar sobre la espuma, sentada en su silla, recorriendo toda la casa, rodeada de un blanco que por primera vez le pareció bellísimo, interrumpido tan sólo por el luctuoso morado de una de las medias de Javier que se había escapado de la lavadora y flotaba junto a ella.

La silla, arrastrada por la espuma, entró con ella por la puerta de la cocina y le pareció que las tapas de las cacerolas hacían un sonido semejante al de una fanfarria. Luego pasó al comedor; aún no había retirado el mantel del almuerzo. Siguió hasta el cuarto de Elenita y no le pareció vacío esta vez. Ella no estaba pero no le pareció vacío. Desde allí flotó por un pasillo hacia el dormitorio donde descansaba Javier, casi no se lo veía a Javier, tapado por la espuma. Usando las manos como aletas de foca logró dejar el rostro y el torso al descubierto... esa leve cicatriz en el labio inferior que la había incitado a averiguar qué gusto tenía... y esas manos como para dejarlas hacer... no lo despertaría ahora, le hablaría más tarde de su perdón.
La corriente de espuma la acercó a la ventana, que se abrió casi reverente. Su cuerpo le parecía poco más que un juguete, apenas una pequeña pieza de ajedrez en medio de una tregua sin mentiras, apenas el marco de un viejo cuadro que alguien decide descolgar.
Sintió que todo lo que sabía dejaba de tener sentido y no reconoció los lugares por donde iba; le pareció que ella tenía infinidad de nombres y que había infinitos nombres para llamar a las otras personas y a las cosas, que había vuelto a ser pura y que ya nadie, detrás de la espuma, la reconocería.

© de la autora
Aproximación al tema Sobre La Poesía Revolucionaria

Por Norton Contreras Robledo.

El diversionismo ideológico en los últimos años, se ha visto reforzado por la dominación política, económica y militar de las fuerzas más conservadoras y reaccionarias representadas a nivel global por los EE.UU. Y el desarrollo de los medios de comunicación y el poder de éstos en manos de las grandes empresas multinacionales que usan estos medios para difundir ideas y valores que conllevan a propagar, defender sus intereses, y a preparar a la opinión pública.
Para conseguirlo manipulan la información, disfrazan, deforman la realidad social y política del mundo circundante. En este sentido queda de manifiesto que hay una unidad dialéctica entre el imperialismo norteamericano y las multinacionales de los medios de comunicación. Son su herramienta a través de la cual llevan a cabo el diversionismo ideológico. Y cuando las circunstancias y los acontecimientos lo requieren montan campañas y grandes operativos mediáticos.
Si dejamos de lado algunas definiciones y conceptos elitistas sobre la Cultura, podemos decir que no hay nada en la actividad humana que no tenga una connotación cultural incluso la producción de bienes destinados a la satisfacción de las necesidades materiales o espirituales de la gente. En la difusión de la Cultura, los Medios de Comunicación: prensa escrita, radio, televisión, eventos culturales.
La Cultura burguesa se ha convertido en herramienta de “seguridad nacional”; en guerra ideológica de intensidad variable que se regula según los imperativos de control de conciencias más y caros al régimen de explotación. No tragaremos más odio de sus dioses institucionales. No santificaremos sus crímenes. Hoy se hace pasar por “poesía” (y nos la imponen) la basura decorativa de “artistas” alquilados para disfrazar estéticamente la miseria. Mueven la cola y hacen gracejetas al patrón que compra obra. Unos hacen monerías para ganarse becas o presupuestos y otros las hacen porque no les queda más remedio, algunos viven amargados por la humillación. Se hace pasar por “poesía” el idealismo solipsista y la obscenidad nihilista más impunemente disfrazada de “arte” Se hace pasar por poéticas las payasadas de los comerciantes mas mediáticos. La burguesía no produce su “poesía” inocentemente. La poesía burguesa es parte de un arsenal de guerra ideológica, puesto a fabricar jabones para lavar la sangre derramada por una civilización que no encuentra dónde esconder todos esos muertos que produce minuto a minuto. Todos los instructivos ideológicos burgueses que se esmeran en embellecer la propiedad privada, la familia, las instituciones militares y el devenir de gobiernos ávidos de violencia rentable, se suponen dueños de las conciencias donde depositan sus deyecciones poéticas su proyecto esclavista.( 1)

Poesía Revolucionaria

En este contexto político- social. En estos tiempos revueltos, en que los medios de comunicación tergiversan las verdades, enajenan las conciencias según sus intereses. Como una reacción revolucionaria contra la cultura burguesa en general y la poesía que produce. La percepción poética tiene que revindicar las palabras, la poesía. Liberar los versos como un canto, como un grito, un arma de lucha presente y futura.
Debemos de tener la capacidad de crear una poesía quizás no perfectamente elaborada, pero conciente, militante no sujeta a direcciones partidarias ni al clero eclesiástico. Poesía para el pueblo, poesía contingente, militante y libertaria, que en ella estén presentes las voces de los trabajadores de la ciudad y el campo. Y de los pueblos aborígenes que luchan por sus derechos y sus tierras.
Una poesía que asumas el desafío de las luchas presentes, materialice en el verbo las ideas necesarias, que se proyecte al futuro en la lucha de cadAadía. Que traiga las voces de los silenciados. Porque en los murales de los verbos esta la sangre de los asesinados, la poesía debe cantar con el silencio de vidas sepultadas, a través de sus versos y sus cantos traer el testimonio de los que ayer cayeron. Y sus demandas de que la poseía diga las verdades,no las que dicen los medios de comunicación de la clase dominante. Sino la verdades de los que pagan con su sangre y con sus vidas las riquezas acumuladas en el imperio allá al norte del Río Bravo. Una poesía que se se nutra del vientre germinal de la tierra , del pueblo de las gentes y sus luchas , hace suyo sus sueños e ilusiones, toma partido construye barricadas
En estos tiempos revueltos alienantes, cuando los lobos se disfrazan de cordero y los corderos son lacayos del imperio, tiempos de travestimos y de metamorfosi ideológicas, cuando hay creadores en el oficio de escribir que se autocensuran para complacer a las clases dominantes,cuando mercenarios de las letras disfrazan la realidad con un manto de colores , romanticismo y sensibilidad barata , se venden al mejor postor. Liberamos las palabras , y revindicamos la poesía,construimos una bandera con los versos.La levantamos al viento como poesía combatiente proyectada al futuro.